Qué hacer si el profesor no se presenta al examen en la Universidad

Ayer publicaron un comentario en este blog en un post en el que hablaba sobre los exámenes en la Universidad.

En el comentario se me preguntaba sobre qué pasa cuando un profesor no acude a un examen oficial. El mismo lector me planteaba dos soluciones como si fueran las únicas: se aplaza el examen o se concede un aprobado general.

Antes de nada debo decir que lo del aprobado general no lo he visto en mi vida. No me parece serio y no creo que ningún Director de Departamento o Director Académico lo permita. Lo más normal, lo que se suele hacer, es pactar con los alumnos otra fecha y hora para la celebración de la prueba.

Vaya por delante mi opinión sobre que un profesor no asista a una convocatoria oficial sin avisar con un importante adelanto: me parece algo de muy poca seriedad. Siempre digo que el alumno merece el máximo respeto porque tanto como recibe da (y por esto suelo impartir yo mis clases con corbata).

Mi recomendación para esta persona que me consulta es que acuda a la normativa académica de la Facultad o la Universidad y se informe. Seguro que en la normativa está recogido el protocolo de actuación ante este tipo de casos.

Si el profesor no cumpliera con la normativa podrá acudirse a los diferentes estamentos universitarios para solucionar el problema. Pero siempre con el máximo respeto, afán de colaboración y sin saltarse los diferentes escalafones de la universidad: profesor, Director de Departamento, Decano, Defensor del Estudiante, Vicerrectorado de Estudios y Rectorado al final.

Seguro que la cuestión se soluciona, pero no se va a conceder al aprobado general. Apuesto pincho de tortilla y caña.

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7 pensamientos en “Qué hacer si el profesor no se presenta al examen en la Universidad

  1. Siento contradecirte, pero yo sí he vivido la ausencia de un profesor a una convocatoria oficial y su subsanación con un aprobado general. Un caso único en mis cinco años de Facultad, desde luego, pero real como la vida misma. La secuencia de los hechos fue tal que así:
    Último examen final del período de febrero, muchos compañeros canarios con los billetes de avión comprados (ya sabemos que cuanto más barato es el billete, menor es la flexibilidad). Alumnos del primer ciclo de Periodismo de la Complutense. El profesor no se presenta. Se le busca en el Departamento. No hay nadie. Se le llama a casa (porque en su día nos facilitó ese número). Nos dicen que allí no está. Ilocalizable de cualquier modo.
    Pasan dos horas. Además de tener que entregar un trabajo ese día, muchos compañeros tenían exámenes de otros cursos a los que tenían que asistir si no querían perder la convocatoria. Algunos de estos compañeros deciden meter por registro un escrito donde quede constancia de que estaban presentes en el aula, la fecha y la hora del examen oficial, pero el profesor no ha aparecido. En el Departamento se depositan los trabajos con una lista de los asistentes al examen.
    Después de cuatro horas, al salir de la Facultad, nos encontramos con el susodicho profesor que entraba por la puerta principal. Su solución era el aprobado general.
    Dos semanas después sale una lista de notas. Para nuestra sorpresa, no sólo había aprobados, sino notables y sobresalientes. Yo, particularmente, no estaba de acuerdo con mi nota, puesto que consideraba que mi trabajo era bueno y fui al despacho para conocer los criterios de corrección.
    Cuál fue mi sorpresa cuando después de escuchar una sarta de tonterías acerca de la maravillosa calidad de trabajos que le habían presentado (que no dudo de ello, pero me consta que eran trabajos que se habían hecho al margen de las directrices que el profesor había marcado, unas directrices que dejaban muy pocas dudas acerca de su elaboración), me pregunta mi nombre y cambia mi Aprobado por un Sobresaliente.
    Sé que cuando se cuentan estas cosas es de menester dar datos y nombres, pero me permitirás que por respeto a este profesor (que al margen de todo, es un buenazo) y a su condición de jubilado, no desvele ni su nombre, ni el nombre de la asignatura y ni siquiera el curso en el que la impartía. De todas formas no tendría ninguna necesidad de tirar piedras sobre el tejado de la que ha sido “mi casa” durante 5 largos años (aunque la pasión no me ciega y reconozco que hay aspectos muy mejorables). Cierto como la vida misma.
    Por cierto, ¿quién es el Defensor del Estudiante?, ¿dónde está su despacho?, ¿a qué se dedica exactamente?…lo digo porque al menos en mi época era- aprovecho para hacer humor negro el día de hoy- un “Bin Laden”, todo el mundo había oído hablar de él, pero nadie lo había visto.
    Y una puntillita: el respeto y la autoridad nada tienen que ver con las corbatas y las barbas. Porque por esa misma regla de tres, a las profesoras se las comerían vivas y sé de algunas que te ponen en tu sitio desde el minuto 1. Sé de dónde has sacado la idea y te puedo asegurar que esconderse detrás de una corbata y una barba es más hacerse una caricatura que hacer que te reconozcan autoridad. Ahí tienes a Gonzalo Abril, con su perilla, sus camisetas y sus pendientes, en sus clases de semiótica, de libre (que miradas fríamente son como fumarse un porro de maría pero sin efectos secundarios) y los alumnos no sólo se matriculan porque tiene fama de buen profesor, sino que tiene uno de los mayores índices de asistencia a clase y todo el mundo coincide en que sabe y te hace saber. Ahí tienes a Najib Abu Warda, con todo su acento palestino y sus chupillas de cuero. Te puedo decir que ha sido uno de los mejores profesores que he tenido en la Facultad, porque sabe de qué habla y sabe encontrar a quien te pueda dar datos de primera mano (a mi clase para explicar el conflicto palestino-israelí nos trajo al Agregado de Comunicación de la Embajada israelí, para acercarnos al Kurdistán vino una periodista kurda criada en Turquía y para explicarnos el funcionamiento del Consejo de Seguridad de la ONU nos propuso hacer una sesión del Consejo, para lo que tuvimos que documentarnos un huevo).
    También he tenido profesores que, sin corbata y en vaqueros, me han llamado por mi nombre (con 5 ó 6 grupos de 150 alumnos).. y he tenido uno en concreto con mucho micrófono, mucha corbata, muchos títulos de muchas universidades extranjeras y muchos acólitos de séquito que sólo me ha hecho perder el tiempo porque me ha aportado -20 y encima me ha tomado por imbécil. El respeto y la autoridad es otra cosa.

  2. Comenzamos el septiembre guerreros. !Me encanta!
    En cuanto a la experiencia del aprobado general no me cuentes, que tengo mil anécdotas. Pero bien es cierto que ni es lo normal ni es lo más justo ni es lo más indicado.
    En cuanto a la vestimenta, da para un post de los largos (a lo mejor mañana me pongo a ello). El caso es que es importante adecuarse a la situación en cuanto a la vestimenta. No vamos a recoger un premio Nobel, ni a una audiencia con el Rey ni con el Presidente ni a ver a un cliente ni a una entrevista de trabajo en bañador ni con chanclas ni en chándal. No vamos a una primera cita con alguien que nos gusta de cualquier manera “porque me siento cómodo”
    Creo que la Universidad debe ser algo serio. Y esa seriedad trato de trasmitirla con mi vestimenta. Sobre esto se puede hacer toda la demagogia que queramos. Podemos llevar la situación a todos los extremos que queramos. Hay profesores que van en vaqueros y arrasan. Hay profesores que van exquisitamente ataviados y no tienen educación ninguna. Los extremos existen.
    Este verano sé de un alumno. Un fiera, que fue a una empresa de comunicación a una entrevista de trabajo y no le cogieron por su aspecto. Creo que es una pena. Injusto, pero las cosas son así.
    Dice el refrán que “el hábito no hace al monje”, pero también dijo Shakespeare que “El traje denota muchas veces al hombre”.
    No creo en los extremos. Pero un profesor debe ser modelo. Y si quiere representar y fomentar la seriedad, una corbata ayuda más que unos vaqueros. Y unos zapatos más que unas zapatillas de deporte. Y todo está bien, pero es importante ir acorde a la situación y acorde a lo que quieres trasmitir, porque la imagen debe reforzar el mensaje.
    Y creo que un alumno que va a la Universidad debe ir sumamente cómodo para pasar todo el día sentado y atento y trabajar bien, pero dentro de unos cánones de los podríamos considerar “el buen vestir” (otro día cuento que creo que es eso del buen vestir).
    Por cierto, no entiendo lo de: “Sé de dónde has sacado la idea y te puedo asegurar que esconderse detrás de una corbata y una barba…” Yo no llevo barba ni creo que la lleve jamás. Y las ideas las saco como todos: de la educación recibida, la formación, la experiencia y el contacto con el resto de los individuos de la Sociedad.
    !Me alegra volver del verano y ver que esto se mueve!

  3. Bueno, tú y yo sabemos quién lleva corbata y barba a clase, bastante bien.Es que me ha hecho gracia porque el comentario de la corbata es del estilo de otra persona.
    Lo de la vestimenta, es relativo. Cierto es que hay que adecuarse a la situación, pero también hay una cuestión que son los usos sociales, de los que tanto tú como yo hemos oído hablar en clase de sociología. Ejemplo, absurdo como cualquier otro, pero ilustrativo: en nuestra sociedad occidental los hombres siempre llevan pantalones, es la vestimenta habitual y socialmente aceptada tanto en estilo “casual” como en estilo formal. Pero resulta que el Papa lleva una suerte de “vestido” que en nada se parece a un pantalón (aunque todos sabemos que lo lleva por debajo) y sin embargo es una personalidad que suscita respeto y está aceptado que el Papa tiene que vestir así. Otro ejemplo absurdo: hasta hace bien poco, las mujeres respetables debían lucir falda, porque era el atuendo que correspondía a su sexo, era la norma social. Ahora, afortunadamente, no nos miran mal a las mujeres que llevamos pantalones.
    Tú en el post relacionas vestimenta con respeto. Bueno, quizá habrá que plantearse que hay otros elementos que entran en juego. Está claro que alguien con un aspecto sucio y descuidado no despierta siquiera simpatía. Pero una prenda de vestir tampoco determina. Yo creo que el tema es más una cuestión de comunicación (¡cómo no!): la kinestésica, que transmita energía, seguridad en sus movimientos; el paralenguaje, que sea capaz de atraer con una buena proyección vocal, una articulación fuerte y una buena modulación tonal; y, sobre todo, que su discurso sea coherente. Y esto se puede hacer muy bien con corbata y muy mal sin corbata. No es demagogia, lo tengo más que estudiado
    Por lo del aprobado general, ya digo que es el único caso que he vivido y, desde luego, no creo que sea la solución más justa. Pero, ¿aplazar el examen lo es? Digo. Si un alumno no puede ir a un examen, el examen no se suele aplazar (aunque solo sea por una cuestión de igualdad de oportunidades)…también depende de cuál sea la causa. Pero es que a la inversa, no suele haber una explicación de semejante causa, porque cierto es que no se debe equiparar que el profesor sufra un accidente mientras va al examen a que se duerma o se olvide directamente (casos equiparables a los de un alumno, no es lo mismo una inasistencia por enfermedad que por descuido). E insisto, no es lo mismo que yo me juegue una de mis 6 convocatorias a que el profesor cambie los planes a 100 personas. Es una cuestión de responsabilidad.
    Por cierto, ¿sexto aniversario del 11S y ni un solo comentario? (por cierto que aquí se podría hablar largo y tendido del atuendo un tanto “descuidado” de Matías Prats a lo largo de 7 horas de emisión en directo: en mangas de camisa, con la corbata floja y el maquillaje corrido, ¿le restaba eso credibilidad cuando estaba entrevistando a pilotos de la aviación militar, expertos en geopolítica e ingenieros? Pues a lo mejor si hubiese aparecido en pantalla como acostumbra, los espectadores habrían pensado que estaba más preocupado de su propia imagen que de la información que estaba contando…es una opinión).

  4. Soy la persona que preguntaba el otro día qué pasaría al no haberse presentado el profesor al examen. Finalmente no hemos tenido la suerte del aprobado general y se ha fijado otra fecha para hacerlo, será fuera del periodo de examenes de la universidad (a pesar de que no sabemos si eso está del todo permitido ya que en el reglamento de la universidad pone que se fijará otra fecha dentro de ese periodo). Esperemos que esta vez no nos vuelva a dejar “plantados” ya que aunque seamos alumnos tenemos nuestras responsabilidades aunque algunos profesores se piensen muchas veces lo contrario. Gracias por contestar a mi pregunta. Un saludo.

    P.D. Se sabe que el profesor no acudió al examen porque se estaba tomando unas vacaciones…. (para que se sepa hasta que punto es serio el trabajo en la universidad).

  5. Mi consejo es que para la próxima, por si no aparece, que esperéis un tiempo “de cortesía” (aunque si le queda algo de vergüenza torera, tendrá que estar allí antes que los propios alumnos). Llamadlo, si os ha dado un número de teléfono móvil o fijo, que no sea el de la Universidad. Si no responde, id al Departamento y buscad al Director o al Secretario, explicadle lo que os sucede y si no os ponen una solución (que lo localicen ellos o que se hagan de las preguntas) haced un escrito que exponga que los alumnos os habéis presentado a la nueva convocatoria de examen (después de que la primera quedara suspendida por la inasistencia del examinador), que habéis emprendido todas las diligencias para avisar a vuestro profesor y que, a pesar de todo, el profesor ha vuelto a faltar al examen y adjuntéis una lista con todos los asistentes. Y llevadlo al Departamento o al Decanato y que os lo pasen por registro o, al menos, que alguien os firme que se ha recibido. De todo quedáos con copia…y si podéis también haceos con una copia del documento donde se explique el cambio de fecha del examen. Y que no os metan miedo con que si no vais a aprobar en la vida o historias similares, que si vosotros no reclamáis vuestros derechos (ojo, lo que os corresponde, ni más, ni menos), nadie lo va a hacer por vosotros. Eso seguro. Y ¡mucha suerte!

  6. EL BUEN VESTIR DE LOS ALUMNADOS, PUEDE SER UN REQUISITO DENTRO DE UNA UNIVERSIDAD PRIVADA?
    CON LA MODA DE LOS ESTUDIANTES, Y LAS AMISTADES DE ESTOS MISMOS, HACEN QUE SU MANERA DE VESTIR SEA UN POCO EXTRAÑA Y DIFERENTE A LOS DEMAS, YA QUE LA MODA COMO ANTES LO MENCIONO ES TAN FUERTE, QUE AUNQUE SEA UN PALO EN LA CABEZA LO QUE ESTE DE MODA, ELLOS LO HACEN Y LA IMAGEN QUE BRINDA LA UNIVERSIDAD CON ESTE TIPO DE ALUMNADO CONSIDERO QUE NO FAVORE A LA DEMANDA DE LA INSTITUCION. ESPERO ME DES ALGUNA RESPUESTA A CERCA DE ESTO.

  7. Aunque ha pasado más de un año desde este post, creo conveniente expresar mi opinión.

    Me vais a permitir que no entre en el debate sobre el aprobado general, puesto que, en cualquier circunstancia, me parece bochornoso.

    Un profesor que acude a dar clase debe proporcionar un trato exquisito a sus clientes, en este caso, alumnos, que para eso pagan religiosamente su cuota. El traje es su manera de exteriorizarlo y después debe ir corroborado con sus actos. Cuando trasladas esta situación al mundo de la empresa, la vestimenta puede ser considerada una falta de respeto por tu cliente o dar una sensación de inseguridad que provoca que no se cierren operaciones. Y esto, nos guste o no, sucede en el mundo real.

    Como esto es cuestión de usos y costumbres, hay profesiones, como la de creativos, diseñadores y demás en los que el traje está mal visto, en tanto que va contra los principios que inspiran su actividad. O, al menos, así se concibe.

    Dado que fui alumno de Rafael cuando impartía aquel Experto Universitario, corroboro que muestra su respeto hacia sus alumnos con el atuendo, el fomento de la participación, la cercanía hacia sus alumnos, la actualización permanente de su temario y los ejemplos utilizados y, lo que es más importante, intentando infundir en sus alumnos ética en los negocios. Todo eso también me lo enseñó (y yo lo acepté libremente como válido) el barbas con corbata al que se alude y ahora intento hacerlo yo con mis alumnos del Master con el que colaboro. Espero que sean muchas más personas las que tomen el ejemplo que nos dieron los dos a los que pasamos por sus aulas.

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