Semáforos con falda: cuando sobra dinero y estupidez

Hoy en los informativos de Telecinco he visto la curiosa noticia por la que se está poniendo de moda en algunos ayuntamientos poner los iconos de los semáforos en versión femenina además de la versión indeterminada que aparece ahora (que mucha gente asocia con una forma masculina. ¿Por qué?).

Así que ahora cuando los semáforos tienen muñequito, estos parpadean apareciendo alternativamente una forma con falda y otra sin ella.

Es otra de las iniciativas, absurdas en mi opinión, que intentan fomentar, de forma tonta en mi opinión, la igualdad entre los sexos, algo en lo que no creo en absoluto. Y es que está más que demostrado que hombres y mujeres no son iguales ni física ni psicológicamente.

En lo que sí creo es en la igualdad de derechos y obligaciones, pero no en la igualdad radical y absoluta. Algo que intentan aprovechar algunos para ganar adeptos. Creo que más adeptas que adeptos.

El tema de los semáforos es una auténtica estupidez. Resulta que una idea que intenta evitar la discriminación creo que la fomenta. ¿Por qué las mujeres deben llevar falda? ¿Por qué la falda debe ser identificativo del sexo femenino?

Lo que yo creo que es algún fabricante de semáforos con una idea innovadora aunque algo absurda ha trabado amistad con más de un político gestor de más de un ayuntamiento.

Parece que la crisis económica no es tanto y que sobra dinero para estupideces.

Pues hala, a gastar.

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Un pensamiento en “Semáforos con falda: cuando sobra dinero y estupidez

  1. Una vez más, una cuestión de comunicación. Si en vez de justificarlo como otra batalla por la igualdad de sexos, dijeran que lo que se pretende es dar una nota de color a la ciudad, lo veríamos con otros ojos.
    En Alemania ya pasó. Allá por 1989, cuando cayó el muro de Berlín, el gobierno alemán comenzó a quitar los semáforos de la extinta RDA: unos muñecos muy salaos que van con su sombrero y todo, los Ampelmänchen. Lo que intentaba el reciente gobierno de la Alemania unificada era transimitir que, como todos los alemanes debían ser iguales, los muñecos de los semáforos también. Una tontería como cualquier otra. La gente se quejó porque los Ampelmänchen de la Alemania del Este eran tan símbolos de su sociedad, como para nosotros lo es el toro de Osborne (que fue indultado de la ley que prohibía las vallas publicitarias al borde de la carretera). Al final no sólo lo indultaron, sino que ahora es- quizá- de las imágenes con las que se genera más merchandising en Europa. Tiene su propia tienda, donde puedes encontrar desde gominolas hasta toallas y lámparas con forma de Ampelman (sí, yo me compré una camiseta, no pude evitarlo). Hete aquí que años despúes, en Dresde -una ciudad que lleva en reconstrucción desde el final de la Segunda Guerra Mundial- cuando repusieron los Ampelmänchen, colectivos feministas se quejaron y comenzaron a instalar la versión femenina: con coletas y falda. Bueno, más allá de cómo vendan la película, la verdad es que los semáforos son dignos de ver…han conseguido que un elemento del mobiliario urbano que a priori no tiene ningún interés puesto que en el mundo todos funcionan de la misma manera (sí, también hice fotos de las muñecas con faldita de los semáforos en Dresde).

    Respecto al tema “guerra de sexos”. Muchas veces las cosas se enquistan en la anécdota y se deja de lado lo esencial. A ver, que hombres y mujeres no somos iguales es algo más que evidente. Ahora bien, dado que el sexo no es algo que se elija, sino que viene determinado genéticamente (con un 50% de probabilidades para cada opción), a mí me da mucha rabia que lo primero que se mire en una persona es si es varón o mujer (ojo, mujer, que no hembra). Perdón, yo primero soy persona, luego mujer. Quiero decir, hay ámbitos de mi vida en los que en absoluto importa que sea hombre o mujer, simplemente soy persona y como tal debo ser tratada: cliente, profesional, propietario, conductor o ciudadano. ¿Ha habido adelantos en las últimas décadas? Por supuesto, pero todavía quedan aspectos por los que luchar. Desde luego esto no se arregla con cuatro semáforos con falda que instalen, por supuesto, ni con ralentizar un discurso utilizando los dos géneros cada vez (ciudadanos y ciudadanas). Pero eso es una cuestión de educación que lleva tiempo.

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