¡Salvemos Eurovisión!, ¿o no?

Dicen que el asunto de Eurovisión en España está de vacas flacas. El festival ha pasado de ser uno de los programas más vistos del año en la TVE1 de toda la vida a ser una expresión de la cutrería del país del Sol y la pandereta.

Desde el año en que los tres triunfitos salieron al escenario y después la catalana volando sobre la Sagrada Familia, la cosa ha ido de mal en peor.

Ahora la institución que lleva el tema ha pensado que lo mejor es que la selección de los representantes de nuestro país sea hecha por los patriotas que tienen conexión a Internet. Antes se hacía vía móvil nominando y expulsando de La academia a los que no nos gustaban pero lo de ahora es mucho mejor. Ya no es un Master sino un Open, si hacemos una analogía con el tenis o el golf.

La nueva posibilidad es que cualquiera puede presentarse, colgar su vídeo y esperar a que la gente le vote. No sé cual es el procedimiento ni me importa. Como casi siempre en este país la nueva posibilidad ha sido cuestión de risas y cachondeo. A la competición se ha presentado gente con nivel y credenciales y luego mucho indigente de la canción ligera.

Este es el caso de Rodolfo Chikilicuatre. Un tipo del que después se ha sabido que es compañero de Buenafuente y que se ha presentado con la canción Baila El Chikichiki. Algo mágico como se puede comprobar en el vídeo que publico.

Este “elemento” es el más votado de la lista con más de 25.000 votos seguido muy de lejos por un candidato con más de 18.000.

Si es que cualquier cosa es motivo de coñas en España. Yo me parto (hay que ver de la gran cantidad de cosas por las que me parto el pecho de risa). No se puede negar que no es típico de este país llevar cualquier iniciativa al absurdo y hacer bromas sobre ella. Esta es una ocasión más. Estoy seguro de que si el Chikilicuatre éste termina yendo a Eurovisión, arrasa en audiencias esta edición del festival.

Para impedir que el personaje éste vaya como representante de nuestro país la organización ha decidido que no sólo se tendrá en cuenta las votaciones de la población sino que habrá una comisión de expertos que valorará y decidirá de forma definitiva el vencedor de esta competición, aunque se tendrá en cuenta, dicen, la opinión de los votantes.

Pues nada. A seguir votando al futuro éxito de melodías de móvil. Y porque no está cerca el verano que si no ya teníamos la canción de la temporada.

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Un pensamiento en “¡Salvemos Eurovisión!, ¿o no?

  1. Lo siento, Rafael, pero te lo tengo que decir…el “Baila El Chikichiki” de Rodolfo Chikilicuatre no le llega ni a la suela de los zapatos al “Jonathan” de Camelo punto semos. Fuera de coñas, aunque la cosa tenga miga. Hace unos años Austria presentó a Eurovision song contest a un tipo llamado Alf Poier, cuya canción era una perfecta armonía entre los Niños Cantores de Viena y el heavy metal, aderezado con un coro de animales de cartón. Jamás llegué a saber qué decía la letra de la canción, ni falta que hace, porque el espectáculo-sin duda- era el directo en cuestión.
    De una selección semi-popular para Eurovisión, también salieron las Supremas de Móstoles con su “Ere un enfemmo”.
    Eurovisión no es lo que era. Nostros (España, Europa, el mundo) tampoco es lo que era. Es lógico que hayamos perdido el interés por un concurso en el que no ganamos desde el “Vivo cantando” de Salomé…en 1969 y, para más inri compartido con otros 3 países. Vivimos en el proceso de adaptación a la TDT, que nos multiplica el número de canales de televisión; tenemos acceso a la mayor base de datos de videos de todo tipo, que es youtube; no compramos LPs de vinilo, nos bajamos la música del emule;… los votos de los “sabios” de cada país han dejado paso al sms; hay tropecientos países que concursan…muchos de los cuales ni sabemos situarlos en el mapa…y lo peor de todo…¡¡¡YA NO LO COMENTA URIBARRI!!!
    Con todo esto qué intento decir: en la década de los 50, los 60 los 70 e incluso en los 80, un festival de canciones de toda Europa era todo un acontecimiento, porque quizá era el único momento en que se tenía contacto con el “mundo exterior”, solían ir intérpretes desconocidos que hacían la gran gira de promoción y acababan convertidos en estrellas y porque…básicamente…no se podía ver otra cosa en la televisión…¿de qué podía hablar la gente en el bar a la mañana siguiente? Está claro: de lo rápido que tocaba la orquesta de Augusto Algueró. Ahora, a la altura en 2008, ya no tenemos la necesidad de exponernos, tenemos un abanico extensísimo para el entretenimiento. Y si el Festival de Eurovisión quiere audiencia, lo último que debe seleccionar son buenas canciones, sino espectáculos originales…aunque sea de coña.

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