Sobre la relativa importancia de llegar pronto al trabajo

Esta tarde estoy trabajando desde casa para una empresa. Estoy pensando o lo productivo que estoy siendo sin estar físicamente allí. Sin embargo algunos jefes están empeñados en que lo importante es que sea puntual en llegar por las mañanas.

Me hace gracia pensar esto.

Yo no me muevo por horas sentado en una silla sino por tares a desempeñar y por fechas de entrega.

Lo gracioso es, que debido a mi forma de trabajar, puedo estar sentado en la silla de una empresa pero trabajando para otra desde el escritorio remoto de ésta desde mi portátil.

El jefe está encantado de verme allí sentado, calentando la silla, pero no se da cuenta de que estoy siendo productivo para otra empresa que no es la suya. Sin embargo él es feliz al verme allí, al saber que puede mirar a través de la cristalera de la puerta de mi despacho y comprobar que estoy produciendo a tope. Lo que no sabe es que toda mi productividad está siendo dirigida a otra empresa.

Y lo mismo puedo decir en cuanto a la otra empresa y al otro jefe.

Y mi pregunta es la de siempre: ¿se trata de ser productivo y desempeñar de forma eficiente las tareas encomendadas o se trata de echar horas calentando la silla? La respuesta parece lógica y obvia, ¿no? Pues no, para muchos directivos no lo es.

Pues allá ellos. Mientras sean felices…

Yo seguiré trabajando a tope en la tareas que se me encomienden, entregando los proyectos con eficiencia y en los plazos establecidos, independientemente de dónde me encuentre físicamente. Y así, todos contentos.

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2 pensamientos en “Sobre la relativa importancia de llegar pronto al trabajo

  1. Es que “jefes” y “tiempo” son dos conceptos habitualmente opuestos. Porque lo mismo que están encantados de que estés frente a la pantalla sin levantar la cabeza durante 8 horas o más (y también les suelen gustar eso de “echar horas”, sin plantearse si las tareas se pueden resolver en menos tiempo), se pirran por encargar labores que llevan más tiempo del que se les asigna. Así luego vienen los estreses, las ansiedades, las taquicardias…

  2. Los modelos financieros, obsoletos y chupópteros.
    Los negocios tradicionales, decayendo (no todos).
    El trabajo presencial, ineficiente.
    La falta de confianza obliga a pensar que más horas son más producción. Si no recuerdo mal, en España estamos más horas en el trabajo que cualquier europeo y al comparar la productividad la tenemos por los suelos. Algo falla en esta fórmula.

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