“Capitalismo: una historia de amor”. No todo es lo que parece

Anoche vi la última película de Michael Moore, Capitalismo: una historia de amor. Me puso los pelos de punta por dos motivos: los casos de penuria que muestra de familias desposeídas de todo lo que tienen por la presión de los bancos y por la deformación que hace el director del concepto de Capitalismo para adecuarlo a sus fines.

En la película se argumenta que las grandes empresas se dedican a buscar el máximo beneficio posible gracias al sometimiento de los ciudadanos. Las empresas cada vez ganan más dinero mientras el personal de estas mismas empresas se empobrece cada vez más (esto es cierto, llevo seis años dando clases en una universidad y cuatro años en otra, y en las dos sigo cobrando lo mismo que desde el principio, mientras que el precio de las matrículas no hace más que subir).

Un ejemplo muy claro que se expone en la película es el de los pilotos de aviones, que habiendo invertido 100.000$ en su formación deberán pagar un préstamo de 500.000$ a los bancos (por intereses, gastos y comisiones), mientras cobran unos 16.000$ brutos al año. Esto hace que muchos pilotos tengan que buscar un segundo empleo de camareros o paseando perros.

Pero, ¿esto es por culpa del capitalismo? No, es por culpa de una deformación del capitalismo permitida por la sociedad. El problema que tiene el sistema es el mismo que la solución. Los empleados pueden elegir si aceptan las condiciones de un puesto de trabajo o no las aceptan. Si la empresa consigue empleados pagándoles 2$, ¿por qué les van a pagar 4$? Lo que deben hacer los profesionales es no aceptar ciertas condiciones laborales. Si una empresa no consigue empleados ofreciendo un salario de 2$ deberá ofrecer un salario de 4$, a ver si por esta cantidad alguien está dispuesto a trabajar.

Me hace una gracia especial un ejemplo que se muestra en esta película dirigida a profanos de los temas de empresa totalmente demagógico: aparece una empresa panificadora creada bajo un sistema de cooperativa en la que todos los empleados son propietarios y, además, cobran lo mismo, desde el director general hasta la persona que embolsa los panes. Muy bonito, es cierto,todos ganan mucho dinero y son felices.

El problema es que este sistema no es sostenible porque, ¿por qué voy a invertir 100.000$ en mi formación en ciencias empresariales para ser director general de una empresa si al final voy a cobrar lo mismo que una persona que mete los panes en bolsas y que no tiene formación? La consecuencia lógica es que nadie invierte en su formación, nadie tiene conocimientos profundos y el sistema empresarial cae por sí sólo.

Es cierto que el sistema capitalista actual no funciona, es cruel y sólo sirve para que los ricos sean más ricos y las clases medias desaparezcan, volviéndose más pobres, pero no es por el capitalismo, es porque nuestro sistema económico actual se basa en un capitalismo deformado, desvirtuado, adaptado para sus gustos por los poderes político-económicos. Creo que en el fondo Moore tiene razón, pero no usa los términos  ni las formas adecuadas.

Y lo más importante, las personas tienen libertad y poder para decidir si aceptan a no ciertas condiciones y pueden elegir a su gobernantes y, al tener poder, tienen responsabilidad sobre sus decisiones. El ejercicio de este poder y libertad sólo pasa por una sociedad formada e informada.

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2 pensamientos en ““Capitalismo: una historia de amor”. No todo es lo que parece

  1. Buenas,

    Referente a las experiencias cooperativistas, tal vez te interese saber que hay algunos ejemplos en los que funciona de manera eficaz, como es el caso del grupo Mondragón. Los salarios no son exactamente iguales, pero la diferencia es de 1 a 3.

    Por otra parte, no todo el mundo tiene las herramientas simbólicas ni materiales para poder elegir un empleo o, en este caso que planteas, dejar de elegirlo. No olvides que hablas desde una posición determinada, de persona cultivada y con capacidad suficiente para hacer este tipo de razonamientos, pero no todo el mundo tiene esa misma preparación.

    Saludos,

  2. El comentarista habla desde su experiencia cómoda y no advierte por ejemplo lo que hizo jonas Salk: Puso todo su conocimiento y saber en favor de las personas no pensó en el prestigio y regaló a la gente como dijo la patente de su vacuna que le podría dar millones… Cuando empecemos a pensar así entenderemos el camino, del resto seguiremos sacando cuentas y creyendo merecer más que el hijo de la empleada domestica que por suerte le tocó no ir a la universidad porque no tenía lo suficiente… soy de los que creen el hijo del empacador de pan merece tanto ir a la universidad como el hijo del gerente. Averigüe sobre el proyecto venus es más lea sobre el movimiento comunión y liberación… definitivamente el capitalista hace hasta con el amor un cálculo de utilidad… Señor comentarista no todos es como parece porque a usted no le parece despegarse de su calculadora y de su afán de prestigio.

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